A pesar del cada vez mayor progreso tecnológico de los vehículos y de la tendencia de la industria, en línea con las políticas de las Administraciones, hacia una movilidad más sostenible y menos contaminante, aún existe en los talleres espacio para la reparación de coches clásicos. Y no sólo eso, sino que este tipo de operaciones están viviendo un nuevo boom. Así lo explica Juan Francisco Calero, divulgador especializado en el mundo del motor y presentador del canal del Grupo Serca en YouTube, al abordar en un nuevo vídeo la oportunidad que supone para los negocios de la posventa la reparación de vehículos clásicos.
Entre los entusiastas de la automoción empieza a haber un mercado muy importante de automóviles clásicos, conocidos dentro de la jerga del sector como young timers, es decir, coches cuyo precio de adquisición aún es razonable pero que se prevé que vaya a subir notablemente en el futuro. Hablamos de modelos de las décadas de los 90, 80 y finales de los 70, aunque también de inicios del actual siglo.
«Este tipo de clientes (del taller) tienen unas necesidad distintas a los clientes habituales, para los que el tiempo (de reparación) es lo más importante; lo que se quiere es mucha finura en el trabajo y que el coche se mime y cuide en cada detalle para dejarlo lo más parecido al estado original», explica Calero.
El experto recuerda que cada vez son más los fabricantes que optan por electrificar las versiones más deportivas de sus gamas, manteniendo en gran parte sus cifras de potencia (aceleración, velocidad punta…) pero prescindiendo de las motorizaciones tradicionales de combustión. «Vehículos deportivos de mucha potencia y con un motor puramente térmico, de aquí a diez años va a haber muy pocos. El resultado es que estos coches, que ahora están en el punto más bajo de su valoración económica, van a subir mucho de precio», avanza.
Coches que, evidentemente, requerirán puestas a punto integrales e incluso mantenimientos tras un cierto uso. Y es que, a diferencia de los vehículos de ensueño que todos podemos conocer y cuya cotización se calcula en millones de euros, estos «jóvenes clásicos» no caerán en el mercado de la especulación ni se guardarán en un garaje privado a la espera de multiplicar su valor, sino que podrán ser puntualmente usados y disfrutados por sus propietarios.

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