Castrol revela con datos neurocientíficos qué pasa en el cuerpo al sentir la emoción de conducir

Castrol y la neurociencia de Brainbox revelan mediante EEG, ritmo cardíaco y seguimiento ocular que la emoción de conducir depende de la concentración, no de la velocidad.


Un nuevo estudio de Castrol EDGE, realizado con la empresa de neurociencia Brainbox, revela que la emoción de conducir no depende principalmente de la velocidad, sino de la concentración: los datos de actividad cerebral, cardíaca y ocular muestran que el punto máximo de emoción llega cuando el conductor entra en un estado de «flujo», con una sensación de control total sobre la situación.

Tres factores que convergen: visceral, intelectual y emocional

Según el estudio «La emoción de conducir» de Castrol EDGE, esta sensación surge cuando convergen con intensidad elevada tres factores: el visceral (estimulación mental y física), el intelectual (grado de concentración) y el emocional (equilibrio entre entusiasmo y miedo). Si alguno de ellos supera el umbral que cada conductor puede asumir —que varía notablemente de una persona a otra—, los estímulos externos pueden resultar abrumadores y la emoción transformarse en miedo.

Cinco pruebas de conducción bajo monitorización científica

Los participantes utilizaron equipos de electroencefalografía (EEG), variabilidad de frecuencia cardíaca (HRV), respuesta galvánica de la piel (GSR) y seguimiento ocular durante cinco experiencias distintas, todas en las instalaciones de PalmerSport (Bedfordshire, Reino Unido) y fuera de la vía pública: un recorrido todoterreno en Land Rover Defender, un kart monoplaza en circuito técnico, un McLaren Artura GT4 en circuito cerrado, y un prototipo de carreras Palmer JP-LM tanto como conductor como pasajero. El análisis de los datos corrió a cargo de Brainbox, empresa británica especializada en investigación cerebral aplicada.

El McLaren generó la mayor emoción — pero no por ser el más rápido

La prueba con el McLaren Artura GT4 registró los niveles más altos de activación cerebral y corporal: los conductores mantuvieron la mirada en la trazada ideal con una media de 70 fijaciones por minuto en el vértice de curva y apenas 2,5 parpadeos por minuto, frente a los 15-20 habituales en reposo. Su frecuencia cardíaca subió una media de 43,8 pulsaciones sobre el nivel basal, frente a las 16 registradas en la prueba todoterreno.

Sin embargo, la puntuación más baja de emoción de todo el estudio se registró en la experiencia como pasajero del Palmer JP-LM —a velocidades similares a las del McLaren—, incluso por debajo del karting o de la prueba todoterreno realizada a apenas 8 km/h de media. La activación neurofisiológica fue alta, pero los datos apuntaban a ansiedad, no a emoción.

La diferencia entre emoción y miedo está en el control

«La emoción no es cuestión de velocidad, sino de concentración. Los datos muestran que la verdadera emoción llega cuando el conductor se concentra al máximo, algo que se refleja en el cerebro, el corazón y los ojos», explica Dan Phillips, cofundador y director de Brainbox. El miedo, por el contrario, se manifestó con ondas beta rápidas asociadas al estrés y un descenso de la actividad theta y alfa vinculadas a la concentración y la relajación: en la experiencia como pasajero del JP-LM se registraron 40 parpadeos y 190 fijaciones oculares independientes por minuto, frente a los 2,5 parpadeos del McLaren en manos del propio conductor.

Castrol enmarca el estudio dentro de su filosofía de «ingeniería de datos» aplicada al desarrollo de Castrol EDGE. «Descubrimos que no hace falta conducir un superdeportivo para experimentar esa emoción. Es posible sentir una intensa sensación de control sin alcanzar grandes velocidades, ya sea en un circuito de karts o al volante por una de nuestras carreteras favoritas», señala Vincent Panel, Head of Product & Communications para Europa de Castrol.

Fuente: Castrol (vía Know Comunicación) — Información de prensa, 24 de agosto de 2026.



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